Somos Maristas

Un sueño, una oportunidad, un legado, un tesoro, pues…desde pequeña yo quería haber venido a este colegio Marista, era al que venía mi hermano, por distintas circunstancias de la vida, no fue posible como estudiante, pero si como educadora y profesora como llegué a él, hoy puedo decir que me siento muy feliz de pertenecer a mi colegio.
Ser Marista, un privilegio muy importante para mí, un orgullo.
Llevo 16 años en esta familia Marista, pero para mí es como si hubiera empezado ayer, por la ilusión con la que comienzo cada curso y vengo a trabajar cada día , es fácil mantener ese espíritu porque hay en mí una gran vocación por la tarea que realizo, me gusta, continuo teniendo un enorme empeño en seguir aprendiendo y mejorando, y esto es fácil porque desde el comienzo la cercanía de muchos hermanos, compañeros, alumnos , todo el personal del centro contribuyó como si un proceso evolutivo se tratase e hizo posible que esta magia de la educación y la actualización se renueve cada día en mi persona.
 No cabe duda que esa magia de la que hablo no es otra que el Espíritu de San Marcelino, Nuestro Fundador. Precisamente hace unos días en unas entrevistas con distintas familias de mi tutoría me comentaban, que podíamos estar orgullosos de muchos aspectos que les transmitimos a nuestros alumnos como la cercanía, la acogida, el estar siempre con las puertas abiertas, entre otros muchos más aspectos destacables decían, ¿no era esto precisamente lo que inculcó Marcelino Champagnat a los primeros hermanos que le ayudaron a fundar la Escuela de María?
Por supuesto no nos quedamos ahí, porque Marcelino era un hombre consciente de las necesidades de su tiempo por eso en nuestro colegio hay un continuo interés por mejorar cada día, pero ¿Para qué? ¿Para quién? Pues para la única razón de ser que sigue siendo la misma ayer, hoy, y seguirá siendo, para y por nuestros alumnos, su progreso en todos los campos, su desarrollo y su formación integral, al más puro estilo Marista.
Ser Marista hoy, es un lazo que une a los alumnos, profesores y a las familias, continuamente por la calle no solo me saludan alumnos y sus familias sino que se detienen y recuerdan por un instante anécdotas de su paso por el colegio.
La cadena continúa a nivel familiar, mis tres hijos, a día de hoy mantienen sus amistades de su paso por el colegio Marista Cristo Rey, cuando comenzaron su andadura allá por los años 1990,1993 y 1999.
Hombres y mujeres, solidarios, que se preocupan por las necesidades del prójimo, felices con su trabajo y que no olvidan haber pasado por su colegio, donde precisamente lo que recuerdan es eso experiencias, múltiples y agradables experiencias.
La educación académica se puede recibir en muchos centros y de diferentes maneras, pero está claro que aquí lo que se llevan nuestros alumnos es mucho más que unos conocimientos aprendidos, llevan experiencias de vida compartida, compañeros y amigos que les acompañarán durante toda su vida.

 Rosa Mª Vilá

Treinta y cinco años como profe me dan la oportunidad de estrenar este foro en el que compartiremos nuestros sentimientos maristas. Desde mi etapa de alumno siempre me soñé profesor del Colegio Cristo Rey, tuve la suerte de poder llevarlo a cabo nada más concluir mis estudios.
Comencé mi andadura en plena fusión con las Jesuitinas, se estaba fraguando un proyecto de coeducación y el compartir misión educativa con otra Congregación en la misma ciudad; conocimos compañeros nuevos, experiencias educativas y el sentirnos más Iglesia.
¡Cuántos alumnos en el corazón! ¡Cuántas familias con las que compartir tarea y sueños! ¡Cuántos compañeros con los que celebrar nuestra labor educativa!
Son tantos los recuerdos entrañables y las vivencias, sobre todo en el contacto prolongado con los antiguos alumnos, que cada día me reafirmo en mi vocación de educador marista y en la ilusión de compartir el sueño de Champagnat de educar: "a buenos cristianos y honrados ciudadanos".
Gracias por todo lo recibido.

Alfonso Casais

 

Con motivo de la celebración del centenario del colegio en la ciudad, he escrito unas líneas recogiendo lo que es para mí SER MARISTA.
No es fácil hablar como presidenta de la APA, representando a las madres y padres recogiendo lo que ellos pueden sentir, porque no solo soy un familiar, yo me siento Marista.
He estudiado en sus aulas, me he formado académica y personalmente en él. Mi historia personal está unida a este centro educativo, algunos lazos de amistad que entre sus paredes construí no habrá distancia ni años que los rompan, algunos más fuertes que los lazos que da la propia sangre. Lo mismo ha sucedido con muchos valores y actitudes ante la vida que tanto mis hijos, mi marido y yo hemos adquirido entre estas paredes, en sus pistas deportivas, en el pabellón, en las convivencias, en las excursiones,… Vivencias que posiblemente nos hacen comportarnos de una manera diferente.
No creo que seamos especiales, ni que pensemos todos de la misma manera, ni que compartamos unos mismos valores y creencias, pero sí es cierto que muchos de nosotros hemos asumido el lema del fundador de los Maristas “ser buenos ciudadanos”. Esto nos ha llevado a comprometernos seriamente con lo que hacemos, con los que nos rodean y con nuestra ciudad. Quizás por este motivo si miramos hacia atrás y en la actualidad más reciente, en todos los puestos de las fuerzas vivas de esta ciudad han estado presentes antiguas/os alumnas/os, cada una/o con sus virtudes y sus defectos, con sus ideologías, pero casi todos con un claro compromiso ciudadano.
Insisto, no somos muy diferentes a otros formados en otros centros educativos, pero es posible que esta sea una característica que nos identifique. Como madre me gusta ver en mis hijos adolescentes que ese nivel de compromiso ciudadano lo tienen adquirido y posiblemente muchas familias que en su día escolarizaron a sus hijos en los Maristas, sin saber muy bien por qué lo hacían, puedan ver en estas líneas una razón que desconocían pero que quizás han empezado a vislumbrar en sus hijas e hijos.

Belén Toja (Presidenta de la APA MARISTAS y antigua alumna)